jueves 12 de agosto de 2010

El Decadente

Permitid que sea sincero, de buen comienzo.

No seré de vuestro agrado...

Los caballeros sentirán envidia y las damas repulsión. No os agradaré ahora, y os agradaré mucho menos a medida que avancemos.

Señoras, os lo advierto, estoy dispuesto, en todo momento.
No es ni un alarde ni una opinión, si no simple y llanamente un hecho medico sabed que la meto por doquier. Me veréis metiéndola por doquier y todas suspiraréis por ella... No lo hagáis. Os acarreará problemas, estareis más a salvo observando y sacando conclusiones a distancia que si metiera mi vara bajo vuestras enaguas.

Caballeros, no desesperéis: también estoy dispuesto, y os aconsejo la misma precaución. Que vuestras patéticas erecciones esperen a que haya terminado. Pero luego cuando folléis, porque luego follaréis (eso espero de vosotros, y además sabré si me habéis defraudado) deseo que folléis con mi pequeña imagen agitándose en vuestros testículos.

Sentid cómo lo sentía yo, cómo lo siento yo... y preguntáos: "¿Ha sido el mismo estremecimiento que sentía él? ¿Tenía conocimiento de algo más profundo? ¿O existe un muro de desgracia contra el que todos nos golpeamos la cabeza durante ese intenso y resplandeciente momento?"

Queda dicho. Este, es mi prólogo. No hay rimas ni declaraciones de modestia. No contaríais con eso, espero.

Soy John Wilmot, segundo Conde de Rochester, y no tengo ningún deseo de agradaros.

El Decadente

0 comentarios:

Publicar un comentario en la entrada